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Novela - El amor por internet
27 septiembre 2009
- Capitulo 4 -
La tentación
A Román le habían asustado siempre las mujeres con gato viendo siempre en ellos un competidor irreductible: una mujer tendrá siempre amor por su gato. Un día al teléfono con Marian la oyó hablar con su gata, descubrió aquel tono dulce y mimoso destinado a aquellas mascotas que duermen en el cuarto de la dama que obtienen mayores cuidados que los de cualquier multimillonario y se alimentan de manjares que no existen en los supermercados que él frecuentaba. Había que resignarse y pensar en que siempre habría un felino por el medio. Una vez que hubo apartado de si este pensamiento volvió a sumergirse en su trabajo, se sentó frente al ordenador que nunca apagaba para escribir en el lenguaje de las máquinas.
Pierre Trochard era el director general de la
empresa de Marian, único nivel jerárquico por encima del suyo. Ella le
practicaba a veces una sumisión poco compresible en una mujer de
carácter como el suyo, parecía ver en sus voluntades los designios de
un dios. Él era en realidad quien solamente la obstaculizaba al tratar
de alcanzar el escalafón más alto. Cuando caía la lluvia de los
beneficios Pierre abría su paraguas del revés para capturar, mientras
Marian sólo apretaba las manos juntas hacia arriba esperando a su lado.
Aquella maravilla pintada por Rafael aún no había sido adquirida ante
las dudas de Pierre por la procedencia del cuadro, el no veía nada
claro la manera en que había llegado a manos de aquellos proveedores
extranjeros, y en su elevado sentido de la justicia puso la traba
principal a la culminación del negocio. Para Marian era una imagen de
ternura infinita, aquella expresión de amor capturada al óleo aumentaba
su fijeza por obtenerlo, y sentía que no era la primera vez que Pierre
le pisaba freno ante un negocio grande. No obstante, agachaba la cabeza
consintiendo al mismo tiempo que pensaba en la manera de solucionar
aquel problema.
La noche se abrió ante ella descubriendo un telón de
serenidad al cabo de aquel día de tensión. Volvió al local nocturno de
siempre con ojos de pantera y ropa ajustada para la ocasión. En el
centro de la pista flameaban de nuevo las luces intermitentes, la
música atronadora apagaba con sus watios cualquier pensamiento y se
entregó al baile con los ojos cerrados. Cuando decidió abrirlos
contempló delante de si a Tom Cat, aquel amante del pasado, plantado
delante como una aparición de halloween, que la miraba fijamente con
una sonrisa entre burlona y seductora. De repente sintió un
estremecimiento desde la coronilla hasta los dedos de los pies, el
hambre de contacto físico le hacía temblar la cintura. El no medió
palabra, cuando la música cambió a ritmo lento se dirigió con paso
firme hacia ella, le rodeó la cintura con sus manos delgadas y pegó su
rostro al suyo con fuerza. Luego juntó todo su cuerpo al de ella
afirmándose por el fuego de la conquista. Le enmarañó los cabellos
color miel y la miró fijamente a los ojos con sentido de la propiedad.
En el cuerpo masculino sintió una vibración como el chasquido de un
látigo que resonaba en su mente acompañando el deseo de ser domada. En
un momento fugaz la presionó con un beso profundo mientras la sujetaba
por el cuello. Pareció transcurrir sólo un segundo cuando ya se
encontraban en el auto de ella sin ceder él ni un centímetro de
contacto. Aquellas avenidas parecían más largas de lo habitual y como
si estuvieran aliándose con él, todos los semáforos estaban en verde.
Justo a una manzana de su casa hubo un cambio de color y tuvo que
detener el coche, ella respiró hondo abrochándose la blusa que él ya
había desabotonado. En medio de la fiebre le dijo:
---Esta noche no puede ser, no estoy preparada.
Él, por respuesta, llevó directamente su mano a la entrepierna como único argumento.
---Por favor, no insistas.
La rabia masculina le hizo mirarla con saña y disparar unas palabras:
---¡Tu te lo pierdes!
Acto seguido abrió la puerta del coche, salió disparado y la cerró despues con un gruñido de trueno. Se alejó a pasos rápidos sin mirar hacia atrás. Ella aceleró con brío y metió el vehículo en su parking habitual. Había resistido en el momento crucial pero reconoció aquella tentación como algo inevitable, algo natural, satisfacerse con la carne que tenía al alcance era lo habitual sólo que esta vez no había sido capaz de someterse hasta la última consecuencia.
Román seguía aún a aquellas horas pegado al ordenador cuando vio la llegada de Marian al chat. Siempre se habían consignado sinceridad y cuando ella le contó lo sucedido él contestó:
---Si tienes hambre, come.
Pero al oír los detalles algo se le iba desgarrando dentro, el pasado pasó de repente a primer plano recordándole el desplante descarado de Alba, la madre de su hijo, y comenzó a sangrar por dentro. Pensó que era injusto, que aquella mujer le amaba menos que a su gata, que reculaba cada vez que él se aventuraba en un paso de ardor, y que ahora iba a dejarse repasar por cualquier chulo de pista de baile. Se sintió atrapado por el tiempo que había invertido en escribirle, por haber sido fuente de emociones puras que ahora veía pisoteadas. Terminó la conversación escrita con su cortesía habitual y pensó directamente en Dana la gitana. Muchas lágrimas de Román habían sido vertidas en el hombro de Dana y a su vez él, el oyente silencioso de los escarceos amorosos que a veces dejaban desolladuras en el corazón de ella. Tal era la compenetración que muchos conocidos pensaban que entre ellos existía una aventura secreta de toda la vida. Dana la gitana había sido testigo de su lucha por la existencia y en especial de su reciente resurrección anímica, cansada ya de verle regresar a puerto con las velas partidas, ahora compartían una amistad serena, asolerada por el paso de los años. Y aunque le superaba algo en edad, era poseedora de aquella belleza andaluza agresiva de ojos y pelo negro, de orejas acabadas en pendientes de aro. El tiempo parecía haberse detenido en su rostro permitiendo sólo que existieran aquellas arrugas de gracia, que eran el adorno extremo del misterio de la imponente mujer. Dana la gitana estaba siempre disponible, expectante a cualquier cosa que él le quisiera contar. Y aunque no eran del gusto de Román las artes adivinatorias no tenían secretos para ella, acompañadas de la sabiduría de la vida y de un interminable sentido del humor. Conectó a su dirección del chat y allí estaba, como no, como siempre:
Dana: Voy a ver mis cartas
Román: Si, ¡ja! increíble, las cartas
Dana: Me sale el Ermitaño entre vosotros
Román: ¿Qué?
Dana: Hay magnetismo y fuerza pero está el Colgado que es el
sacrificio
Román: ¿?
Dana: Ella está pensativa acerca de lo vuestro
Román: Claro, hay distancia física
Dana: Un poco en silencio, meditando
Román: y
Dana: Yo creo que va a venir
Román: Más tarde, ¿eh?
Dana: Si, creo que si
Román: Es que se protege, se que no ha tenido demasiado buenas
experiencias con las relaciones en su pasado, la entiendo, solo
necesita confianza
Dana: Ajá, exacto, pero tranquilo
Román: Si, me cuesta algo
Dana: Ya lo sé
Román: Dana, por favor, mezcla de nuevo las cartas, saca OTRA ahora,
si puedes,... a ver
Dana: Espera,...
Dana: Me salieron buenas cartas
Román: Siento ahora, a Marian, sabe que estoy esperando, y esta
apurada,... LO SABIA
Dana: Hay transformación y cambio pero como respuesta sale la
Templanza, es una carta de equilibrio y de encuentro muy bueno.
Román: No me cabe el corazón en mi, siento que Marian no puede llegar
ahora hasta mi,...
Dana: Eso creo
Román: Ahora mismo digo, esta ocupada, hace algo, esta con otra
gente, si,... pero piensa ahora en mi, en que no puede
llegar a tiempo hasta mi
Dana: Exacto, eso es lo que me llegó
Román: Le duele un poco, pero es una persona tremendamente fuerte,
importante, inteligente
Dana: Sí
Román: Sabe superar obstáculos, se conecta con un montón de cosas
distintas,... es abierta, ama. ¿Qué otras cartas te salieron
en la segunda “tirada”?
Dana: La Estrella, y ella como la Emperatriz
Román: Sí, éxito, ¿verdad? ESO ES PRECISAMENTE: LA EMPERATRIZ,
¿qué más?
Dana: La Justicia
Román: TAMBIEN
Dana: Todo está en su sitio
Román: SI, ¡oh, gracias Dana! Todo esto es una gran prueba, para
ambos, es fuerte, sí
Dana: Ya
Román: ¿Qué es la Estrella, que posición representa en tu tirada?
Dana: Las posibilidades
Román: Ya, ¿y cual es la mía? ¿qué carta soy yo?
Dana: El Mago, ¡ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja!
Román: ¡Tu tienes la culpa de que yo sea El Mago! ¡Querida Dana, te
quiero tanto! soy un mago que esta aprendiendo
Dana: ¡Je, je!, me alegro
Román: Gracias, infinitas. Es sólo la segunda vez en toda mi vida que
protagonizo una tirada de cartas, sabes que soy algo reacio y
tu, ¡es que no me fallas!
Dana: ¡Ja, ja, ja!
Román: ¡Sí, sí, sí! Sí, bonito, de verdad
Dana: ¿Bonito el qué?
Román: Tu y yo, bonito tu y yo...
Román: Anda, ya has hecho mas que suficiente por mí, un beso, y
gracias, buenas noches.
Dana: Te quiero, cuídate mi niño y no estés triste
Román: Y yo, buenas noches de nuevo, cariño.
